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martes, 25 de agosto de 2009

De monosílabos y sonidos guturales III

Hablo por teléfono con uno de mis mejores amigos, mientras fumo un cigarrillo. Charlamos de lo usual: novedades en la oficina, novedades con los clientes y mujeres.
Es entonces cuando la veo salir del edificio. Me saluda agitando la mano y sonríe. Yo trato de hacer lo mismo, pero mi mano se mueve como si tuviera Parkinson. Ella hace una seña girando la muñeca indicando que regresará pronto y camina en dirección contraria a donde estoy.
-Y son todas las novedades por acá. Al rato entrego la propuesta del... nuevo... sistema... wam... jus... lar...
-¿Que te pasa wey?
-Maf dan bal.
-Está pasando ella por ahí, ¿verdad?
-Sí.
La pierdo de vista. Por la seña que hizo y la hora que es, asumo que fue a conseguir algo para comer. Un repartidor o el carrito de Fortes Donuts. Doy dos pasos al frente y la veo de nuevo. Es la segunda opción. Los sandwiches de ahí son malísimos pero sirven para salir del paso cuando no tienes tiempo de salir. Regreso a mi posición original junto al cenicero.
-¿Cómo se ve hoy?
-Preciosa.
-¿Cómo está vestida?
-Blusa azul, pantalón gris. No mames, creo que va a venir para acá, así que manténte en el teléfono hasta que regrese.
-Ok. ¿Cómo viste a la chica de ayer?
-Ah pues me cayó muy bien, además está guapa. Yo digo que te avientes...
Seguimos platicando un rato y la veo caminando hacia mí, sonriendo. Conforme atraviesa toda la explanada del edificio yo voy pediendo mi capacidad de conectar una palabra con otra. Diez metros y mi mano comienza a temblar. Dejo el cigarrillo en mi boca y pongo la mano en el bolsillo. Cinco metros y los colores se me suben al rostro. Está a dos pasos de mí y siento una gota de sudor frío recorriendo mi espalda.
-...Además tiene bonita sonrisa ¿no? Ya tiene tiempo que la conozco, pero nunca se había dado nada, porque...
-Entonces mándame la propuesta cuando la termines para echarle un ojo y te la regreso con mis comentarios, ¿ok? Si hay alguna otra novedad me llamas. (A huevo, siempre es mejor que crean que estás en algo importante).
-Jajajaja, sale pues, nos vemos.
-Bye. Cuelgo el teléfono.
-Hola Leo, ¿Cómo estás?
-Geryuuiwe ¿Yrhg iud?.
-También bien, gracias. ¿Me invitas un cigarro?
Le ofrezco el cigarrillo con muchísimo trabajo. El temblor de mi mano es incontrolable y siento las piernas de mantequilla. Ella toma el cigarrillo, me sonríe y yo empiezo a ver luces mientras el aroma de su cabello termina de envolverme como un manto (Resiste muchacho, no te me vayas a desplomar ahorita).
En lugar de llevarse al cigarrillo a la boca, se me queda viendo fijamente a los ojos. Pasan como diez mil años en los que yo me mantengo paralizado y sin saber qué hacer. Al parecer, espera que yo haga algo (Piensa, Leo, piensa, algo no está bien en ésta escena) ¡Claro! No le he encendido el cigarrillo.
-Wwer djldf oie.
Le enciendo el cigarrillo después de murmurar mi intento de disculpa. Ella vueve a sonreír y yo me doy cuenta viendo mi reflejo en el cristal frente a mí que acabo de poner una cara de pendejo como jamás creí que fuera posible.
-Oye, muchísimas gracias por tu ayuda con blah blah blah...(No sé que está diciendo, mientras habla sólo veo el movimiento de sus labios completamente hipnotizado. en mi imaginación ya tenemos hasta nietos)
-Ah, sí, iureui err ej.
-Te debo unos choco roles, no creas que se me ha olvidado. Al ratito te paso a buscar a tu lugar y vamos por ellos ¿va?
-¿?
-Bueno, si tienes tiempo...
-(¡Ah claro! el favor que le hice con su aplicación. Así que de eso estaba hablando... en efecto,
cuando le envié el correo para decirle que ya estaba listo, le dije que le iba a cobrar unos choco roles. Pude haber dicho un café, o una comida, unas cervezas incluso, pero dije choco roles. Hasta por correo electrónico soy un pendejo con ella) Eh, sí, claro, pasa en la tarde.
-Bueno, me despido Leo, nos vemos al ratito.
Beso en la mejilla que quema como de costumbre. Ni siquiera puedo responderle nada, sólo sonrío con mi cara de idiota mientras la veo alejarse. Tardo un par de minutos más en recuperar la calma suficiente y regreso, sintiéndome completamente embriagado por ella.
Ya pasaron varias semanas de eso. Hasta ahorita, me sigue debiendo los pinches choco roles.


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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido un idiota. Bien, lo acepto, sí soy un idiota.

jueves, 6 de agosto de 2009

Lupe

Recuerdo perfectamente el instante en que me enamoré por primera vez. Fue en 6o. año de primaria, y fue de Lupe.

Lupe fue mi primer amor y también fue la primera mujer que me rompió el corazón. Era la chica más hermosa e inteligente del mundo, y la más tierna y amable. Como una princesa de cuento de hadas.

Antes de conocerla, yo tenía dos o tres novias a la vez, y las iba cambiando. No recuerdo cuántas noviecitas tuve de niño, pero recuerdo que empecé desde el kinder y de ahí no paré hasta dar con ella. Ni siquiera recuerdo mi primer beso, de tan pequeño que era -aunque sí recuerdo que fue Mariana la que me enseñó a besar de lengua, cuando yo tenía seis años, conocimiento que puse en práctica con todas las que siguieron-.

El caso es que Lupe arruinó todo eso. Desde que me enamoré de ella, cada vez que la veía me ponía nervioso, me sudaban las manos, tartamudeaba al hablar y me expresaba en una extraña mezcla de monosílabos y sonidos guturales. Y la amaba tanto, que dejé de tener otras novias. La chica más guapa y popular de la escuela -según todos los demás- me llegó ese año y yo la rechacé porque sólo tenía ojos para Lupe -y así seguí hasta tercero de secundaria, con un récord de cero novias y cinco chicas que me llegaron y yo rechacé por seguir pensando en ella-.

Con todo y lo mal que me ponía al estar cerca de ella, traté de pedirle que fuera mi novia. Grave error. Ella obviamente se enteró antes de mis intencones, y yo supongo que no le pareció tan mala idea, porque me sonrió en el recreo toda la semana y el día indicado me esperó a la salida. Yo tardé siglos en decidirme a acercarme, y cuando lo hice, no me atreví a decirle nada. Se enojó muchísimo conmigo, y cuando unos días después reuní el valor suficiente y le llegué, me dijo que no. Nunca supe si pensaba decirme que no desde el principio o sólo fue por su enojo -que duró varios meses, debo decir-.

Desde entonces me volví tímido y me cuesta muchísimo trabajo hablarle a las chicas. Muchísimo más trabajo proponerles cosas que impliquen juntar nuestras bocas y acariciar nuestros cuerpos.

Pero ya me he desviado demasiado de lo que quería contar, debe ser porque hablar de ella aún me pone una sonrisa en el rostro.

Yo nunca fui con ella en el mismo grupo. La conocía de vista solamente y no me llamaba particularmente la atención.

A finales de quinto año, seleccionaban entre los mejores alumnos a la escolta oficial de la escuela para el año siguiente. La escolta marchaba cada lunes en las ceremonias y de vez en cuando en algún desfile. Y era sólo una para toda la escuela, a diferencia de algunas otras escuelas donde hay una por grupo, así que pertenecer era un gran honor.

Y resultó que ella era la abanderada y yo el capitán.

Nos veíamos en los ensayos de la escolta y nos hicimos amigos, aunque a mí me parecía muy seria. Jamás sonreía y se la pasaba hablando de lo que veíamos en clase.

Terminó el año sin novedad. Pasó el verano y pasamos a sexto. Y empezamos a marchar los lunes, y seguíamos ensayando dos o tres veces por semana.

Y entonces sucedió. Fue en un ensayo. Llevábamos poco tiempo marchando y aún teníamos muchos errores, así que estábamos súper concentrados en no perder el paso y hacer enojar más a la maestra de educación física, que era la que nos entrenaba.

Al dar la vuelta a un cobertizo, quedando fuera de la vista de la maestra por un momento, Lupe rompió la formación y se agachó a subir su la calceta, y mientras se subía la calceta volteó a verme y me sonrió.

Y entonces supe que a pesar de ser tan ñoña también era un poco rebelde, y que a pesar de ser tan seria también sonreía. Y que sonreía con la sonrisa más hermosa que hubiera yo visto en mi vida.

Por supuesto, no me quedó más remedio que enamorarme de ella perdidamente en ese instante. Y perder el paso.


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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría entrenado escoltas de niños de primaria.

jueves, 25 de junio de 2009

De monosílabos y sonidos guturales II

Salgo del elevador y doblo a mi derecha, caminando distraído y mirando al piso; después de dar un par de pasos me parece oler un aroma conocido y levanto la vista. Ahí está ella, justo frente a mí, con una bolsa de frituras o algo así en una mano y una sonrisa preciosa en el rostro. Iba a subir al mismo elevador de dónde yo acabo de bajar, pero aparentemente mi aparición la hizo cambiar de idea.

Como era de esperarse, me quedo paralizado.

-Hola Leo ¿Cómo estás?
-Bien... (anda, quita la cara de idiota..., quítala..., quítala... ¡Quítala ya!... Bien hecho muchacho, así se hace). ¿Y tú?
-Bien, gracias. ¿Vas a fumar?
-Ajá.
-¿Me invitas uno?
-(Te invito un cigarro, una casa, un coche y un perro a la entrada.) Sí.

Salimos del edificio mientras me dice no sé qué cosas. Yo camino tras ella, completamente hechizado con su aroma, su ronca y sexy voz, y el movimiento de su cabello. Al llegar junto al cenicero le ofrezco un cigarrillo y se lo prendo con movimientos automáticos, casi sin darme cuenta de lo que hago.

-¿Y qué, tienes mucho trabajo?
-Sí.
-¿Sigues con lo de Recursos Humanos?
-Sí.

Ella sigue hablando de no sé qué. Yo contemplo como se mueven sus labios mientras habla y cómo de vez en cuando se lleva el cigarrillo a la boca. ¡Dios!, se ve tan sensual cuando hace eso...

De pronto, una pausa en la conversación. Ella espera que yo diga algo.

-(Vamos Leo, dí algo gracioso.) Ah kas lum da gug. (Dios, si estás ahí, ahora es un buen momento para que me fulmines con un rayo.)
-Ja... Oye, hoy no vienes de negro.
-(¿Eh?... ¿De qué me está hablando?... ¡Ah, claro. Hoy traigo camisa azul pálido y corbata roja!) Ah... ¿que..., me visto de negro muy seguido?.. (Como seis días a la semana, imbécil, ni modo que pase desapercibido.)
-Pues si, ¿no? Siempre de negro o con ropa muy oscura.
-Este..., sí, supongo. Ya me lo han dicho antes... No es por nada en especial, sólo me gusta ese color... Cuando compro ropa ni me fijo, es como automático... Deberías ver mi clóset, es monocromático, como los monitores viejitos... (¡Ya cállate, estás divagando! Mejor dí algo gracioso) Pero, como ves, también tengo de repente cosas de otros colores. Hoy me vine con el disfraz de Superman, casi siempre traigo el de Batman. (¿Q-q-queeeeeeé? ¿Por primera vez en tu miserable vida puedes hilar más de dos palabras frente a ella y le dices ésta pendejada...? No sólo no es gracioso, sino que además es ñoño y patético. Por favor en cuanto subas usa tu pinche corbata roja para colgarte en el baño.)
-... Ah... Bueno, pues te ves muuuy guapo así, deberías usar colores claros más seguido.
-(Mi cara se pone al rojo vivo, del color de la corbata. Me empiezan a temblar las piernas, me zumban los oídos, me sudan las manos y se me oscurece la visión.) Da... ga... ud... luc... faj... kas...
-¿Terminaste? Vámonos ya, ¿no?

Volteo a ver el cigarrillo entre mis dedos y noto que se ha consumido por completo. Tiro la colilla al cenicero y la sigo dentro, completamente enmudecido.

Me bajo en mi piso y me despido con un beso en la mejilla, que vuelve a encender mi rostro. El resto del día no puedo dejar de pensar en su sonrisa y en que me dijo que me veía bien.

Creo que necesito unas camisas rosas y lilas... No, no, no, ¿qué estoy pensando?... ésas son de puto. Pero definitivamente voy a comprar más camisas azules y blancas con rayas azules, ésas están chidas :D


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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido un idiota. Bien, lo acepto, sí soy un idiota.

miércoles, 15 de abril de 2009

No te metas con el barman

A los miles de millones de lectores...Ok, cientos de miles de lectores...Ok, decenas de lectores...Ok, a los dos lectores (y uno de ellos es Joel) asiduos de éste blog, que esperaron ansiosamente los horóscopos del fin de semana pasado y antepasado, les pido una disculpa. Estaba muy ocupado haciéndome más viejo y no pude consultar los astros debidamente. Volverán los horóscopos para el próximo fin, el viernes a primera hora, lo juro por los submarinos marinela de fresa.
Mientras tanto, les dejo ésta historia verídica, auténtica, real y verdadera, tal y como me la contaron; le pasó al primo de un amigo:


Estaba el otro día con mi amigo Dudu en cierto bar al que asistimos con cierta frecuencia (y por "cierta frecuencia" quiero decir al menos una vez por semana, a veces más). Ese día no había mucha gente, por lo que pensé que sería una noche tranquila y sin novedades. Me dispuse a beber un par de tragos e irme a casa temprano. Entonces pasó algo que cambió el rumbo de los acontecimientos.

Salí a la calle a fumar un cigarrillo. Una de las grandes ventajas de la ley antitabaco, aparte de que no te queda la ropa oliendo a cenicero por la intensa concentración de humo en los espacios cerrados y de que no dejan entrar a niños latosos y llorones a las áreas de fumar en los restaurantes, es que tienes la oportunidad de socializar con otros fumadores, ya sea pidiendo fuego, ofreciendo fuego, o quejándote de la ley antitabaco (y por "socializar con otros fumadores" quiero decir hablar con chicas guapas). El caso es que mientras fumaba mi cigarrillo salió del bar una verdadera belleza de cabello negro con un corte precioso, que le enmarcaba su carita redonda de rasgos infantiles y dientes como de conejito, un vestido muy corto algo suelto, de ésos que se usan mucho últimamente, y una sonrisa que me dejó plantado en mi sitio. La situación era además muy favorecedora, pues no había nadie más fumando aparte de mí, supongo que por lo fría que estaba la noche. Se me acercó y me dijo, con una voz ronca, pero no grave, que se escuchaba terriblemente sexy:

-¿Tenés fuego?

A lo que yo de inmediato respondí:

-.....

En efecto, no respondí nada, estaba harto nervioso en ese momento. Pero sí pude sacar mi encendedor y prenderle su cigarrillo arrugado marlboro rojo. Se alejó un par de pasos y se puso a fumar mientras tiritaba y el viento jugaba con su cabello y su vestido.
Cuando logré salir de mi shock inicial, hice mi mejor esfuerzo para reunir el valor necesario y abordarla con alguna frase ingeniosa e inteligente. Y quién sabe cómo, pero reuní el valor.

-Hmmm... este... ¿No tienes frío?

Bien, lo acepto, fue tal vez la frase más perdedora para comenzar la plática con una chica en toda la historia de la humanidad. O no. Debe ser la segunda, la primera es la famosa joeliña: "Amiga, ¿Porqué tan solita?". Pero con todo y el destacado segundo lugar de mi frase perdedora, se acercó a mí y me respondió que en efecto, tenía frío, que se había olvidado dentro el abrigo, que de todos modos no le serviría mucho porque no era muy largo y que a fin de cuentas estaba dispuesta a aguantarse el frío porque no le gustaba usar pantalones.

Y después seguimos charlando de las cosas usuales. Las peores de las que puede uno charlar si quiere mantener el interés de una chica, por cierto, pero a la vez las únicas que te salen de la boca cuando estás en una situación así: Que de dónde eres (de Argentina), que de que parte (Buenos Aires), que cuánto tienes acá (poco tiempo, pero me voy a quedar a radicar acá una temporada después de que vaya a mi país a arreglar papeles). En fin, que la chica, por suerte para mí, era de ésas "re-simpáticas" que pueden charlar horas y horas de cualquier cosa. De pronto me vi a mi mismo haciendo comentarios de verdad ingeniosos e inteligentes.

Pero no pasaron horas, pasaron apenas unos minutos cuando un tipo mal encarado sale con el abrigo de mi nueva amiga y cierra el espacio entre nosotros. Lo primero que pensé es que era su wey, pero algo en el lenguaje corporal de ella me dijo que no, de hecho me dio la impresión de que se había sentido un poco incómoda con la llegada de su cuate. Así que me valió madres, saludé al wey con un buen apretón de manos y seguí platicando como si nada. Pero obviamente ya no fue lo mismo, el momento había pasado.

Al regresar a mi mesa, le conté todo al Dudu, quien de inmediato se dio a la tarea de localizar en el lugar a la chica, basándose en mi descripción. La descubrió sentada a la barra.

-¿Es esa de allá wey, la de vestido?

-Así es, ésa de cabello corto ¿A poco no está bien linda?

-Sí wey, pero no mames, ya la había visto el otro día. Creo que es vieja del pelón de la barra.

Y sí era. Esa noche la volví a topar fumando creo que tres veces más. Siempre salía yo primero y luego ella, excepto la última vez que yo salí en cuanto la vi pasar, ya nada más por chingar. Y es que en cada ocasión el pelón de la barra enviaba al tipo mal encarado a cuidarla de mí. Específicamente de mí porque fui con el único que platicó esa noche aparte de los dos amigos del pelón, uno a cada lado de ella, como guardaespaldas. Especialmente de mí por esa injustificada mala fama que tengo de bajarle las chicas a amigos y no tan amigos, bien conocida por todo el personal del bar. Cada ocasión fue lo mismo: cruzábamos un par de palabras y de repente se aparecía el tipo ése entre ambos. Por supuesto que su misión fue todo un éxito, supongo que pocas chicas se dejarían conquistar teniendo al amigo de su novio al lado.

Sobra decir que cuando por casualidad mis ojos se cruzaban con los del pelón de la barra, el tipo me miraba con una mezcla de odio y rabia contenidos (y con "por casualidad" quiero decir que yo le buscaba la mirada con el único objetivo de amargarle la noche). Entonces fue cuando reflexioné, y me preocupé un poco ante la posibilidad de recibir todos mis tragos con escupitajos de ahí en adelante.

La cereza en el pastel fue al final de la noche. El pelón platicaba con la chica fuera del bar, cuando nosotros salimos. Ella me vio y me sonrió. El me vio y me lanzó otra mirada cargada de odio. Cuando el valet trajo el auto y lo abordamos, ella se despidió de mí agitando la mano y sonriendo. Dudu pudo observar mientras nos alejábamos cómo su charla se tornaba en una acalorada discusión.

Después de esa ocasión la volví a ver un par de veces más, y se repitió la misma historia de la primera noche. La última vez antes de su regreso a Argentina para arreglar papeles, incluso estuvo un rato conmigo en la mesa, ante la mirada impotente del pelón. Charlamos y reímos y tomamos dragones y no debimos porque ella tuvo que ir a vomitar después y hasta para avisar que va a al baño a vomitar es "re-linda". Por supuesto los cuates del barman se encargaron de arruinar el momento.

La volví a ver hace poco. Regresó para radicar en la ciudad por varios meses (cuando menos), y ya no tiene nada que ver con el pelón. El problema ahora es que se volvió amiga de todos los del bar y es imposible tener un momento con ella. Siempre trae alrededor dos que tres perritos falderos. Y como yo nunca he sido perro, sino más bien lobo, sencillamente ya no le hago caso. Dejo que ella se acerque a saludar y no hago nada por retenerla conmigo.

Después de todo, soy muy paciente y sabré esperar el momento adecuado para lanzar un ataque rápido y fulminante.

Mientras tanto, nada de whisky para mí. Ahora sólo bebo cerveza en botella y tapada, gracias.


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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido barman.

martes, 17 de febrero de 2009

De monosílabos y sonidos guturales

La veo acercarse a través de la explanda. Luce hermosa como siempre. Trae un cigarrillo en la mano. Yo estoy fumando junto al cenicero, por lo que el encuentro es inevitable. Recuerdo vagamente la conversación, pero fue algo más o menos así:

-Hola Leo, ¿Cómo estás? (Beso en la mejilla, mi rostro se pone al rojo vivo. Por favor Leo, no hagas nada estúpido)
-Ugh, ad lac.
-También bien, con muchísimo trabajo ¿tú en que andas?
-Agh, om.
-¿Perdón?
-Wash er emm diálogo.
-Ah ¿Estás con RH ahorita?
-Sí.
-¿Con Guille, no?
-Ajá, ¿y tú?
-Pues con lo de simplificación de operaciones de concretos, son un buen de cosas (se frota el ojo derecho con el dorso de la mano). Creo que me entró una basurita en el ojo.
-Da erg. (Me acerco haciendo un esfuerzo para no tropezarme con mis propios pies y reviso su ojo, subo su párpado con mis dedos; mi rostro a punto de explotar. Su aroma es delicioso)
-¿Ya no tengo nada?
-No.
.....
.....
.....
-(Dí algo inteligente, dí algo inteligente) Creo que tengo que crearte un diálogo del año pasado ¿no te lo hicieron, verdad? (¿Eso fue lo mejor que se te ocurrió? Eres un loser de shit)
-No, porque blah blah blah... (No puse atención, estaba viendo su sonrisa)
-Uh mok daruk cemento (¿A eso le llamas chiste? Alguien páseme una pistola).
-Jajaja, sí.
.....
.....
.....
-Bueno Leo, ya me subo (apaga el cigarrillo, otro beso en la mejilla que quema). Que estés bien.
-Glag.

Me quedo parado viendo cómo se aleja. trato de llevarme mi cigarrillo a la boca, pero mi mano tiembla. Me toma casi un minuto entero tranquilizarme.

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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido un idiota. Bien, lo acepto, sí soy un idiota.

viernes, 6 de febrero de 2009

¿Quién dijo miedo?

Llegué a la fiesta más o menos temprano, cosa rara en mí (siempre he creído que es mejor llegar elegantemente tarde a este tipo de eventos). Como lo esperaba, había poca gente, pero ya estaban ahí algunos de mis amigos, que me recibieron con una botella de Jack Daniel's aún sin abrir.

La música estaba decente (nada para bailar y mucho rock setentero) y la conversación animada. Charlábamos de las cosas usuales: política exterior, la exposición del museo de arte moderno, la influencia de Aristóteles en la obra de Santo Tomás.....bueno, está bien, la verdad estábamos hablando de mujeres y de sexo, como siempre.

Así que sin darme cuenta la fiesta se fue llenado, al tiempo que la botella de whiskey se iba vaciando.
(Parafraseando a Kevin Arnold) Y entonces, sucedió... Un dulce aroma que sería imperceptible a olfatos menos desarrollados me llegó de alguna parte de la habitación. Un aroma que puso todos mis sentidos alerta.

Busqué con la mirada en derredor tratando de ubicar el origen de aquel aroma, y pronto lo descubrí; acababa de entrar y la estaban presentando con algunas personas próximas a la puerta; había entrado con buena amiga mía, lo cual hizo que de inmediato me vinieran a la mente dos cosas: 1) No llevaba wey y 2) Ya tenía quién me la presentara.

Tenía el cabello largo, negro, lacio y precioso, lanzaba destellos. Su piel era ¿blanca? No... no precisamente blanca, era morena clara, pero radiante. Ojos grandes y hermosos, color miel. Y su sonrisa iluminaba más que el sol. Pantalón entallado y blusa escotada, de tirantes, dejaban ver una figura perfecta.

Supongo que notó el peso de mi mirada, porque volteó hacia mí. Nuestra miradas se cruzaron no sé cuánto tiempo, porque a mí me pareció una eternidad, en la que yo estaba clavado en el piso. Me sonrió, y yo le sonreí, y de pronto toda la gente en la habitación literalmente desapareció. O tal vez yo estaba tan concentrado en ella que simplemente dejé de notar a los demás.

El caso es que ya con una buena cantidad de alcohol en mi sangre (la suficiente para deshinibirme, pero no la suficiente para ponerme ebrio) esa sonrisa fue la única señal que necesité. Avancé por la habitación directamente hacia ella, como un misil teledirigido, librando obstáculos invisibles a mi percepción.

Mientras caminaba, nuestras miradas seguían fijas la una en la otra, construyendo una especie de puente. Eso me dió valor para seguir avanzando y librarme -no supe cómo-, del vaso que tenía en una mano y el cigarrillo que sontenía en la otra.

Cuando estaba a sólo unos cuántos pasos, noté que una voz me llamaba. No podía ser alguien de la fiesta, ya he dicho que toda la gente desapareció, así que concluí que la voz venía directamente de algún lugar en mi cabeza. Y lo que decía la voz era algo así como ¡Cuidado!

Y entonces, de golpe, muchos recuerdos llegaron a mi mente: Otra fiesta, hace no sé cuánto tiempo: Yo sostenía un vaso con whiskey y fumaba un cigarrillo de la misma marca. Otro dulce aroma, otra cabellera negra, otra sonrisa luminosa. Luego una larga conversación, intercambio de números. Salidas al cine, a cenar, a algún bar; después vinieron los besos, las caricias, y el sexo. Muchos meses de felicidad y pasión, todo era color de rosa. Y cuando todo parecía perfecto...mi corazón destrozado.

Lo arrancaron de mi pecho, lo rompieron en miles de pedazos, lo pisotearon, le escupieron, le prendieron fuego y arrojaron las cenizas a la alcantarilla. O algo así.

Con esos recuerdos bombardeando mi cabeza, llegué hasta ella. Estábamos frente a frente y me seguía sonriendo, esperando el "hola" que luchaba por escapar de mis labios. Por supuesto, hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar: me dí media vuelta sin decir nada. La gente apareció de nuevo, de la nada a dónde se había ido. Llegué donde mis amigos y me serví otro trago, el último de la noche, porque -también raro en mí- decidí regresar a casa temprano.

Y es que no le tengo miedo prácticamente a nada. Ni a las fieras, ni a los hombres. No creo en fantasmas ni en cosas sobrenaturales. Puedo caminar de noche por un callejón oscuro en una zona peligrosa sin pestañear ni apurar el paso y no hay ruido o visión que me sobresalte.

A lo único que le temo es a las malas mujeres de corazón frío y escote pronunciado. Y si son de cabello negro y lacio, con bonita sonrisa, me dan pánico.

Ellas sí que pueden ponerme a temblar.

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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido un misil.

viernes, 16 de enero de 2009

Sonrisas apendejaleos: Una definición.

Me gustan mucho las chicas. Obviamente no todas, sólo las que para mí son lindas (bien dicen que en gustos se rompen géneros). Me gusta cómo se ven, cómo ríen, cómo hablan, y cómo huelen... Que rico aroma tienen las chicas. Puede ser hipnotizante ¿no crees?

Como consecuencia, muchas de las cosas que hago giran en torno a ellas. Por ejemplo, sólo me gusta salir a lugares (bares, antros, restaurantes, cafés, etc) donde sé que habrá chicas lindas.

Tampoco asisto casi nunca a las típicas reuniones entre "puros cuates" en casa de alguien para "chupar" o "ver el juego". Ya bastante tengo con mi propia testosterona como para tener que aguantar la de los demás. Además odio el fútbol, creo que es un cáncer para éste país. Y no me gusta "chupar". Me gusta el alcohol, pero sólo como consecuencia de lo que realmente disfruto: ver/buscar/salir con chicas.

Sin embargo, estoy bien consciente de que las mujeres son malas. Todas ellas. Es un hecho comprobado. Vaya, hasta la maldad del mismo Lucifer ha de tener algún límite, pero no la de las mujeres. Saben que nos pueden controlar con un gesto, una mirada, un moviento de su cabello o quién sabe qué tantas otras armas; y se aprovechan de ello para hacer de nosotros unas marionetas. Nos usan como sus esclavos hasta que se hartan y nos desechan cuando ya no les servimos.

Así funciona el mundo desde siempre, y el que diga que no es su caso, es o muy ingenuo o muy pendejo. Lo que pasa es que son tan listas que nos hacen creer que nosotros tenemos el control. Bueno, las más decentes lo hacen, también hay muchas otras descaradotas que ni siquiera se toman esa molestia (ya hablaremos en alguna otra ocasión sobre los mandilones).


Al ser un hombre consciente de la realidad, voy por la vida con todos lo semáforos prendidos y extremando precauciones en cuanto a mujeres se trata. Un sólo instante en que te agarren con la defensa baja les basta. A fin de cuentas es inevitable y de repente caes con alguna, pero quiero creer que en mi caso les cuesta mucho más trabajo. Me vendo caro y a veces hasta salgo ganando.

Sin embargo, hay un tipo de mujeres con las que mi defensa más sólida se cae como castillito de naipes. No son de un tipo en especial (aunque la mayoría son de piel blanca y cabello negro lacio, en realidad ha habido rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajitas, etc.) Lo que todas tienen en común es su sonrisa.

No sabría describir qué cosa en especial tiene ese tipo de sonrisa. Lo único que sé es que al verla quedo completamente hechizado. Cautivado. Deslumbrado. Tirando baba pues. De inmediato me pongo nervioso, comienzo a hablar en un idioma compuesto por monosílabos y sonidos guturales, los colores se me suben al rostro y pierdo por completo mi coordinación motriz.

Es por ello que a ese tipo de sonrisa la he llamado sonrisa apendejaleos.

Cuando me he involucrado con mujeres que tienen esa sonrisa, invariablemente he terminado tirado en el piso fumando como chino, bebiendo como cosaco y escuchando música cursi. Por varias semanas. Y nada más no me pongo a llorar como nena porque soy muy tolerante al dolor.

Afortunadamente para mí, son un tipo de mujer más bien escaso, tal vez me he topado con una docena en toda mi vida. De cualquier forma, cuando me llego a topar con una de ellas, doy media vuelta y corro lo más lejos posible como alma que lleva el diablo -metafóricamente, sería muy extraño si de hecho corriera para alejarme de alguien-. Y no me considero un tipo cobarde eh, de hecho creo que a veces hasta se me la mano con el arrojo (prueba de ello son varias cicatrices, un par de dedos rotos y cosas así) Pero tampoco soy masoquista, una cosa es tolerar bien el dolor y otra muy diferente procurártelo. Y creéme, es muy difícil huir cuando lo que más quieres es quedarte a cumplir cada uno de sus caprichos por el resto de la eternidad.

El problema es cuando no puedes huir. Como el caso más reciente, en que la sonrisa apendejaleos está 3 pisos más arriba en el mismo edificio. Peor aún si de repente tienes que trabajar con ella. Es terrible de pronto encontrarla y pasar horas sin poder concentrarme. El otro día tuve que limpiar el teclado de toda la baba que tiré, ja. Estoy considerando seriamente mandar a alguien más a atender a éste cliente.

En fin, espero algún día encontrar una buena defensa contra esa sonrisa, pero mientras tanto, seguiré siendo vulnerable como cachorrito. Deséame suerte.

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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido esclavo de una mujer con sonrisa apendejaleos.