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miércoles, 20 de mayo de 2009

La famosa "joeliña"

El otro día contaba aquí una historia donde hacía referencia a la famosa "joeliña". Aquí va el origen del término.

Primero que nada, la definición. Se entiende por "joeliña" a toda aquella acción o comentario con la propiedad de provocar en las mujeres una reacción entre repulsión y miedo -similar a estornudarle a alguien en la cara en los días más paranoicos de la epidemia de influenza-, que las hace dar alejarse de tí lo más rápido posible.

Y ahora la anécdota. Estábamos varios amigos -entre ellos Joel- bebiendo en cierto bar, allá por el rumbo de lindavista. Yo me estaba aburriendo como ostra, porque la música era malísima y porque odio los lugares tapizados de mesitas, donde todo mundo está sentado; según yo eso es un gran obstáculo para socializar con personas -léase chicas guapas- ajenas al grupo con el que estás. Además como éramos un grupo muy grande, el único lugar donde pudieron acomodarnos a todos era en una esquina junto al escenario, así que me tenía que reventar de cerquita la malísima actuación del grupo de covers que tocaba esa noche -cero rock, puras cosas tipo "estación de éxitos para chavos"-. No me fui de ahí porque de verdad quiero mucho a mis amigos.


Pero cuando empezaron a tocar una de Maná ya no pude más y me salí a fumar un cigarrillo a la calle. Y me quedé fumando quién sabe cuánto tiempo, porque de pronto salió a fumar uno de mis amigos, y luego otro y luego otro y así hasta que estábamos fuera todos menos las chicas, que supongo se quedarían a criticar lo gorda que estaba la vocalista o algo así.

Y entonces, sucedió. Salío del bar una chica de bastante buen ver, con un cigarrillo apagado en una mano y revolviendo su bolso con la otra. Y nosotros éramos los únicos fuera del bar en ese momento, así que pasó lo obvio: al no encontrar el suyo, se acercó a pedirnos un encendedor.

Por supuesto al instante aparecieron como por arte de magia varios encendedores prendidos frente a ella. Y es que esos cabrones parecen jauría, a veces hasta me da un poco de pena salir con ellos de lo perros que son.

Afortunadamente también son bastante divertidos, y en ese momento estábamos diciendo una cantidad tremenda de tonterías, que provocaban carcajada tras carcajada; supongo que a la chica en cuestión eso le pareció simpático, porque en lugar de agradecer la lumbre y alejarse, se acercó a nosotros y se integró al grupo... Lo que por supuesto provocó de inmediato un silencio sepulcral.

La tensión se sentía en el ambiente. Nadie sabía que decir a continuación para romper el hielo, sólo nos mirábamos unos a otros, completamente desorientados. Alguien tenía que decir algo ingenioso e inteligente, y tenía que hacerlo rápido, antes de que la situación resultara demasiado incómoda y perdiéramos a la chica.

Pero fue Joel el que abrió la bocota, y lo que salió de ahí fue un "Amiga, ¿Por qué tan solaaaaaaaa?" al más puro estilo de la popular rastro (nótese que hasta alargó la "a" del final).

La chica, como era de esperarse, quedó estupefacta. Yo diría que incluso un poco asustada. Balbuceó un par de frases acerca de que venía con sus amigos, pero que estaban adentro; dió media vuelta, apagó su cigarrillo que no iba ni a la mitad, y se metió de nuevo al bar como alma que lleva el diablo.

...

Desde entonces, le tapamos la boca a Joel cuando se acerca una chica.

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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido merolico, para hablar más rápido que Joel.

viernes, 16 de enero de 2009

Sonrisas apendejaleos: Una definición.

Me gustan mucho las chicas. Obviamente no todas, sólo las que para mí son lindas (bien dicen que en gustos se rompen géneros). Me gusta cómo se ven, cómo ríen, cómo hablan, y cómo huelen... Que rico aroma tienen las chicas. Puede ser hipnotizante ¿no crees?

Como consecuencia, muchas de las cosas que hago giran en torno a ellas. Por ejemplo, sólo me gusta salir a lugares (bares, antros, restaurantes, cafés, etc) donde sé que habrá chicas lindas.

Tampoco asisto casi nunca a las típicas reuniones entre "puros cuates" en casa de alguien para "chupar" o "ver el juego". Ya bastante tengo con mi propia testosterona como para tener que aguantar la de los demás. Además odio el fútbol, creo que es un cáncer para éste país. Y no me gusta "chupar". Me gusta el alcohol, pero sólo como consecuencia de lo que realmente disfruto: ver/buscar/salir con chicas.

Sin embargo, estoy bien consciente de que las mujeres son malas. Todas ellas. Es un hecho comprobado. Vaya, hasta la maldad del mismo Lucifer ha de tener algún límite, pero no la de las mujeres. Saben que nos pueden controlar con un gesto, una mirada, un moviento de su cabello o quién sabe qué tantas otras armas; y se aprovechan de ello para hacer de nosotros unas marionetas. Nos usan como sus esclavos hasta que se hartan y nos desechan cuando ya no les servimos.

Así funciona el mundo desde siempre, y el que diga que no es su caso, es o muy ingenuo o muy pendejo. Lo que pasa es que son tan listas que nos hacen creer que nosotros tenemos el control. Bueno, las más decentes lo hacen, también hay muchas otras descaradotas que ni siquiera se toman esa molestia (ya hablaremos en alguna otra ocasión sobre los mandilones).


Al ser un hombre consciente de la realidad, voy por la vida con todos lo semáforos prendidos y extremando precauciones en cuanto a mujeres se trata. Un sólo instante en que te agarren con la defensa baja les basta. A fin de cuentas es inevitable y de repente caes con alguna, pero quiero creer que en mi caso les cuesta mucho más trabajo. Me vendo caro y a veces hasta salgo ganando.

Sin embargo, hay un tipo de mujeres con las que mi defensa más sólida se cae como castillito de naipes. No son de un tipo en especial (aunque la mayoría son de piel blanca y cabello negro lacio, en realidad ha habido rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajitas, etc.) Lo que todas tienen en común es su sonrisa.

No sabría describir qué cosa en especial tiene ese tipo de sonrisa. Lo único que sé es que al verla quedo completamente hechizado. Cautivado. Deslumbrado. Tirando baba pues. De inmediato me pongo nervioso, comienzo a hablar en un idioma compuesto por monosílabos y sonidos guturales, los colores se me suben al rostro y pierdo por completo mi coordinación motriz.

Es por ello que a ese tipo de sonrisa la he llamado sonrisa apendejaleos.

Cuando me he involucrado con mujeres que tienen esa sonrisa, invariablemente he terminado tirado en el piso fumando como chino, bebiendo como cosaco y escuchando música cursi. Por varias semanas. Y nada más no me pongo a llorar como nena porque soy muy tolerante al dolor.

Afortunadamente para mí, son un tipo de mujer más bien escaso, tal vez me he topado con una docena en toda mi vida. De cualquier forma, cuando me llego a topar con una de ellas, doy media vuelta y corro lo más lejos posible como alma que lleva el diablo -metafóricamente, sería muy extraño si de hecho corriera para alejarme de alguien-. Y no me considero un tipo cobarde eh, de hecho creo que a veces hasta se me la mano con el arrojo (prueba de ello son varias cicatrices, un par de dedos rotos y cosas así) Pero tampoco soy masoquista, una cosa es tolerar bien el dolor y otra muy diferente procurártelo. Y creéme, es muy difícil huir cuando lo que más quieres es quedarte a cumplir cada uno de sus caprichos por el resto de la eternidad.

El problema es cuando no puedes huir. Como el caso más reciente, en que la sonrisa apendejaleos está 3 pisos más arriba en el mismo edificio. Peor aún si de repente tienes que trabajar con ella. Es terrible de pronto encontrarla y pasar horas sin poder concentrarme. El otro día tuve que limpiar el teclado de toda la baba que tiré, ja. Estoy considerando seriamente mandar a alguien más a atender a éste cliente.

En fin, espero algún día encontrar una buena defensa contra esa sonrisa, pero mientras tanto, seguiré siendo vulnerable como cachorrito. Deséame suerte.

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Me llamo Leo, y si no hubiera sido informáticoempresarioconsultordesistemas, habría sido esclavo de una mujer con sonrisa apendejaleos.